03 junio, 2009

PAPELES ABIERTOS: Apuntes a la pregunta del misticismo en Hector Rojas Herazo.

Por. William Guillermo Jiménez. Valledupar 29 y 30 de Abril 2009

Hablar de un misticismo en Héctor Rojas Herazo es negar su determinación ontológica de ubicar lo poético en el orden del ser. Si bien es cierto, y no los recuerda Landa, hay un halo de misterio rodeando la poesía: “desde luego, “misterio” puede querer decir muchas cosa, pero en general es una palabra que refiere inmediatamente una dificultad e incluso una imposibilidad de conocer aquello lo que está relacionando.” En Herazo conocemos ese supuesto misterio: la búsqueda y encuentro del origen del hombre, del paso del existir pudriéndose día a día el hombre en el tiempo, de la soledad y la angustiosa culpa de saberse hombre, de que Adán y Caín son solo hombres biológicamente hombres manchados de polvo y hechos como todos de barro, sangre, hueso y frio clamoroso de muerte. “Estás solo, / biológicamente solo, / anterior a los padres/ en la satisfacción de tus miembros frente la lluvia. / Rodeado de substancias estrenadas por tus sentidos. / (…) Tú, anterior a ti mismo, / sin nombre con que indagar llamadas en el viento. / por tus órganos sube el instinto / y empuja tus células al sol, a la brisa, porque tus cabellos están firmes / e ignoran el peso y el destino de las piedras.”
Si para Platón -gran místico y teólogo- la poesía es condenada por separarnos del alma y adentrarnos en “la locura del cuerpo”, lo sensible y lo material; si la poesía platónica o en su defecto mística es cantarle a lo bellamente divino del alma, a lo eterno de los dioses, a las apariencia, Rojas Herazo golpea duro con soga y palo y desoculta al hombre y a las cosas de esos velos divinos y eternos, desnudándonos lo misterioso de lo místico, si hay un dios es uno mas humano y perteneciente a ti, mostrándonos las vísceras que cuelgan a cada paso cansado trazado por nuestra angustia, del ser y la nada que nos habitan, de saber el hecho de la muerte y no habitando ese mas allá en un mundo de ideas falaces por sus espejos eternos, la ruina y el despojo material de nuestra sangre de ser hombres y saber la nada: “ay, hijos míos, / los amados mendigos/ por mi olfato concebido hasta la altura del ruiseñor /y el asombro del día. / venid y enlazaremos el ávido musgo a la loza / y juntaremos hueso y piel, / labio y mejilla / con el calor de nuestra arcilla meritoria.” (…) “y me voy a morir-tú bien lo sabes-/ a morirme de barro bien usado, / a morirme de risa repentina /de risa de estar vivo como un hombre.” (…) “esto soy, no más, esto que mira/ sufrir aprisionado en el vacío: / una mezcla de sangre, hueso, y nada, / de agua sedienta y clamoroso frío.” Vemos claramente una urgencia poética de retornar al hombre, al cuerpo, a la tierra, al patio, a la infancia para descubrirse como tal en el poema.
Me permito citar a García Usta igualmente poeta y gran exaltador del trabajo de Rojas que en algún tiempo fue marginado por la tradición de la poesía colombiana y por la podredumbre erudita de la época: “entre los libros rostro en la soledad y transito de Caín, la poesía de Rojas se concentra en la revelación y el padecimiento de un destino individual: el del hombre como un Caín abandonado a la purgación de su soledad y su desdicha, inexorablemente atado a un destierro interminable, no extinto de júbilo.” Muchos arquetipos ha dado la literatura y el hecho de metamorfosear algunos pertenecientes a la mística, no te hace ser un poeta a la usura del misticismo, cerrando estos personajes al sufrimiento, sin evasión. Con la persistencia de la carne y el miedo del hombre por la soledad y los caminos de la esperanza están enmarcados estos poemas.
Por lo tanto María Zambrano nos plantea que a la mística no le interesa conocer, tampoco descubrir el ser de las cosas, sino persigue supuestamente recobrar la naturaleza humana, rescatar el alma. Al contrario vemos en Rojas Herazo-como tanto lo hemos dicho-la preocupación metafísica de saber el ser del hombre, de retornar al él saber su origen de barro, hueso y sangre, si Heidegger dijo que la pregunta esencial para la filosofía era: “¿Por qué es el ente y no mas bien la nada?” hallamos esa cuestionamiento en el hombre Rojas, de decir que la historia de la metafísica es una historia que atraviesa lo poético, de preguntarnos por la poesía buscando los caminos del ser y los entes los orígenes para bucear los espacios del lenguaje. No podemos decir que Rojas Herazo es un místico, sin haber ninguna experiencia vital de unión a Dios, o un encuentro con la transcendencia divina de éxtasis espiritual, al contrario vemos el afán de mostrar la decadencia productos de los perjuicios de lo religioso por prohibir nombrar el cuerpo. Hector desde la luz preguntó por nosotros.

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