
Elkin Pinto G.
Cineclub Avenida 35
Biblioteca Rafael Carrillo Luquez
“Y los siete Ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas.”
Apocalipsis 8,6
La muerte siempre ha acompañado al hombre en las preguntas fundamentales, incluso las que este se formula por la vida, inherentes por una relación de equilibrio, nadie puede escapar de ella. Algunos autores se han imaginado las mas distintas muertes que han podido, se le ha dibujado de todas las formas posibles, desde la mas bella mujer hasta el mas horrendo espanto; los poetas, Rilke -en su soneto a Orfeo-, Quevedo, Charles Baudelaire y el gran poeta peruano Vallejo, entre muchos grandes, le han cantado a la muerte; los pintores y los filósofos le han dedicado su esfuerzo, es en realidad un tema universal, y el cine no podía dejarlo por fuera. Junto a la muerte se piensa por lo general causa, castigo, consecuencia, dolor, soledad, descanso (si ha sido bueno) o descanso solamente, en el caso de los fatalistas.
El cine se ha dado la tarea de plasmar durante sus años de existencia la visión de la muerte que cada cultura posee, y según el momento que los cánones bien sean religiosos o estéticos dictaminen. esto sin lugar a dudas es uno de los mayores logros imaginativos del séptimo arte en cuanto a la forma se refiere, dado que en la inmensa variedad de imágenes siempre los directores se ven obligados a transformar esta figura que podemos afirmar como una de las obsesiones del cine.
Mientras nuestras tradiciones propenden por la conservación de una imagen fija e inamovible de la muerte, que se ha ido trasmitiendo de padres a hijos en las distintas sociedades, el cine ha logrado generar otros estereotipos lo cual es una propiedad lógica de este arte, y desmontar en muchas ocasiones las formas que nos figuran las narrativas de otrora. Este recorrido parte desde esas formas ya establecidas por la cultura, y sin embargo su transformación, la de la muerte, está ligada a los grados de perfeccionamiento de las herramientas con que se cuenta en una época, el grado de abstracción artística, filosófica y científica de la sociedad que la representa.
Uno de los mejores filmes donde nos hemos aproximado con espasmódica atención a esta figura ha sido la inolvidable película del alemán Friedrich Wilhelm Murnau , “Nosferatu” protagonizada por Max Schreck (Orlok [Drácula]), donde el poder del gesto, mantenido siempre en el rostro de Schreck genera una tensión lo suficientemente fuerte para no olvidar; aquí la muerte trasciende lo físico, y la ornamenta tradicional de corte naturalista para manifestarse como algo existencial, como una enfermedad, tomando un fondo expresionista generando puro dolor, ausencia de vida en movimiento, el silencio que no habla sino que grita en los nervios y ese grito se plasma en la palidez y la podredumbre el cuerpo.
Si la muerte se había transfigurado en los hombres como un ente cuya desproporcionalidad se alejaba de lo humano y además se encontraba en los abismos interiores del hombre, Bergman, lo relacionará con el temor interior que la religión ha infundado en la sociedad con respecto al pecado, y además formula en su colérica estética las preguntas sobre la presencia o la ausencia de la contra parte, dios.”Mi indiferencia me ha alejado de todo. Vivo en un mundo de fantasmas, soy un prisionero de los sueños. Quiero que dios alargue su mano, muestre su rostro y me hable. Reclamo su presencia desde la oscuridad pero nadie responde” Este planteamiento que es una pregunta no resuelta por el autor, le ubica en el llamado “cine de autor” cine que no se genera como mero entretenimiento, sino que interroga, cuestiona, y en ocasiones afirma. Pues bien, Bergman nos muestra una muerte más antropomórfica, cuyo objetivo es no responder, sino culminar, pero dejando ese interrogante perpetuamente irresuelto, cuando miramos este filme nos damos cuenta de que en una respuesta que la muerte (Bengt Ekerot )le da al caballero templario Antonius Block (Max Von Sydow), cuando le dice “Hace ya mucho tiempo camino con tigo” es la sensación de la muerte moderna, que habita en las habitaciones de todo los hombres, en el tiempo que es la casa que compartimos con el lenguaje.
Cineclub Avenida 35
Biblioteca Rafael Carrillo Luquez
“Y los siete Ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas.”
Apocalipsis 8,6
La muerte siempre ha acompañado al hombre en las preguntas fundamentales, incluso las que este se formula por la vida, inherentes por una relación de equilibrio, nadie puede escapar de ella. Algunos autores se han imaginado las mas distintas muertes que han podido, se le ha dibujado de todas las formas posibles, desde la mas bella mujer hasta el mas horrendo espanto; los poetas, Rilke -en su soneto a Orfeo-, Quevedo, Charles Baudelaire y el gran poeta peruano Vallejo, entre muchos grandes, le han cantado a la muerte; los pintores y los filósofos le han dedicado su esfuerzo, es en realidad un tema universal, y el cine no podía dejarlo por fuera. Junto a la muerte se piensa por lo general causa, castigo, consecuencia, dolor, soledad, descanso (si ha sido bueno) o descanso solamente, en el caso de los fatalistas.
El cine se ha dado la tarea de plasmar durante sus años de existencia la visión de la muerte que cada cultura posee, y según el momento que los cánones bien sean religiosos o estéticos dictaminen. esto sin lugar a dudas es uno de los mayores logros imaginativos del séptimo arte en cuanto a la forma se refiere, dado que en la inmensa variedad de imágenes siempre los directores se ven obligados a transformar esta figura que podemos afirmar como una de las obsesiones del cine.
Mientras nuestras tradiciones propenden por la conservación de una imagen fija e inamovible de la muerte, que se ha ido trasmitiendo de padres a hijos en las distintas sociedades, el cine ha logrado generar otros estereotipos lo cual es una propiedad lógica de este arte, y desmontar en muchas ocasiones las formas que nos figuran las narrativas de otrora. Este recorrido parte desde esas formas ya establecidas por la cultura, y sin embargo su transformación, la de la muerte, está ligada a los grados de perfeccionamiento de las herramientas con que se cuenta en una época, el grado de abstracción artística, filosófica y científica de la sociedad que la representa.
Uno de los mejores filmes donde nos hemos aproximado con espasmódica atención a esta figura ha sido la inolvidable película del alemán Friedrich Wilhelm Murnau , “Nosferatu” protagonizada por Max Schreck (Orlok [Drácula]), donde el poder del gesto, mantenido siempre en el rostro de Schreck genera una tensión lo suficientemente fuerte para no olvidar; aquí la muerte trasciende lo físico, y la ornamenta tradicional de corte naturalista para manifestarse como algo existencial, como una enfermedad, tomando un fondo expresionista generando puro dolor, ausencia de vida en movimiento, el silencio que no habla sino que grita en los nervios y ese grito se plasma en la palidez y la podredumbre el cuerpo.
Si la muerte se había transfigurado en los hombres como un ente cuya desproporcionalidad se alejaba de lo humano y además se encontraba en los abismos interiores del hombre, Bergman, lo relacionará con el temor interior que la religión ha infundado en la sociedad con respecto al pecado, y además formula en su colérica estética las preguntas sobre la presencia o la ausencia de la contra parte, dios.”Mi indiferencia me ha alejado de todo. Vivo en un mundo de fantasmas, soy un prisionero de los sueños. Quiero que dios alargue su mano, muestre su rostro y me hable. Reclamo su presencia desde la oscuridad pero nadie responde” Este planteamiento que es una pregunta no resuelta por el autor, le ubica en el llamado “cine de autor” cine que no se genera como mero entretenimiento, sino que interroga, cuestiona, y en ocasiones afirma. Pues bien, Bergman nos muestra una muerte más antropomórfica, cuyo objetivo es no responder, sino culminar, pero dejando ese interrogante perpetuamente irresuelto, cuando miramos este filme nos damos cuenta de que en una respuesta que la muerte (Bengt Ekerot )le da al caballero templario Antonius Block (Max Von Sydow), cuando le dice “Hace ya mucho tiempo camino con tigo” es la sensación de la muerte moderna, que habita en las habitaciones de todo los hombres, en el tiempo que es la casa que compartimos con el lenguaje.
1 comentario:
QUE BUENO QUE SE ESTAS DEGUSTANDO EL SABOR DEL ARTE EN TODAS SUS VARIEDADES
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